A FLOR DE PIEL

La historia que se narra en el vídeo que podemos ver a continuación, es la base en la que se apoya aquello que posteriormente argumentaré en relación a nuestra condición humana.

Diecinueve días después de que una mujer queda embarazada, aun cuándo ella misma desconoce que va a ser madre, una pequeña  protuberancia aparece en el embrión o feto: el cerebro.

Hoy sabemos que en torno al 50% de los genes que heredamos se emplean para construir nuestro  cerebro. Sin embargo, la mayoría de sus funciones no se revelarán hasta después de nuestro nacimiento. La explicación es que  necesitamos interactuar con el entorno y con las personas que nos rodean para que nuestro protagonista desarrolle todas sus posibilidades. El cerebro está compuesto por tres sistemas: el reptiliano, el límbico y el racional. Cada una de estas áreas las relacionamos con una faceta de nuestro comportamiento: Instintiva, emocional y racional.

SOMOS INSTINTIVOS…..

a flor de piel

La parte del cerebro responsable de nuestro comportamiento instintivo es el sistema reptiliano. Los reptiles fueron los primeros seres que desarrollaron este sistema, de ahí su nombre, lo que vendría a demostrar el destino común que compartimos las personas y el resto de los animales con aquéllos en un tiempo pasado. Es el lugar donde habitan nuestros instintos. Curiosamente, cerca de la mitad de todas nuestras neuronas se hallan situadas en este sistema, concretamente en el cerebelo.

El reptiliano es el primer sistema que se crea en nuestro cerebro y es el último que deja de actuar en la vida de todo ser humano. Cuando este sistema se detiene, la vida también lo hace. Representa nuestra herencia animal en estado puro: el instinto de supervivencia.

Recordemos la historia del bebé de nuestro vídeo; aunque nadie lo percibiera de forma consciente, él luchaba por vivir a un nivel puramente instintivo. Lo que después sucedió, así lo demostró. SOMOS EMOCIONALES… a flor de piel

Nuestro comportamiento emocional está vinculado a otra parte de nuestro cerebro que se  denomina sistema  límbico. Este área se forma en el tercer mes de gestación del bebé y la compartimos con los mamíferos. El sistema límbico es fundamental para nuestro desarrollo como personas y para nuestra salud en cualquiera de sus acepciones.

Numerosos estudios realizados demuestran que la madre transmite sus emociones al bebé y que éste responde a las mismas a través de sus sensaciones. El primer sentido que se activa  en el feto es el tacto y el que más se desarrolla es el oído. Las emociones son el mecanismo de adaptación fundamental para lograr que el bebé, una vez que nace, sepa responder e interactuar con su entorno. El aprendizaje de lo que le tocará vivir cuando nazca comienza a producirse de forma rudimentaria  ya dentro de su madre.

Algunos elementos bioquímicos influirán en nuestro comportamiento  a lo largo de nuestra  vida, como por ejemplo,  las denominadas “moléculas de la emoción” o neuropéptidos. Está constatado que una actitud positiva ante la vida potencia las propiedades beneficiosas de estas moléculas sobre nuestro organismo y nuestro cerebro. En definitiva: nos hace más sanos y felices.

Además, se forman también  las hormonas, una de las  más conocidas es la oxitocina. Esta hormona es importante para preparar al bebé antes de su nacimiento e imprescindible durante el parto y los primeros momentos de la vida. La oxitocina ayuda a que potenciemos vínculos afectivos y de confianza con otras personas, es decir, potencia nuestra capacidad para relacionarnos con los demás a todos los niveles.

Muy importantes son también los neurotransmisores, los cuales, serán esenciales para moldear nuestro comportamiento emocional: unos nos harán sentir satisfechos, otros nos llenarán de positividad, otros nos mantendrán alerta…

Hasta pasados tres meses desde el nacimiento de un bebé su sistema emocional no comienza a ejercer influencia en el comportamiento del pequeño.

El bebé de nuestra historia no podía recurrir a su cerebro emocional para que le ayudaran a superar el momento crítico de su vida en el que se encontraba. Sin embargo, contaba con algunos aliados potenciales para salir airoso de esa situación: había sentido a su madre antes de nacer y reconocía las voces que le acompañaron durante su gestación.

SOMOS RACIONALES….

a flor de piel

La tercera y última área que se constituye en nuestro cerebro es el sistema racional.  Es exclusivo del ser humano y está esencialmente conformado antes de nuestro nacimiento. No obstante, su estado es tan inmaduro que necesitaremos años antes de que alcance su plenitud.

Por lo tanto, el bebé protagonista del vídeo no sabe aún cómo usar su sistema racional, precisará interactuar con el entorno y experimentar con él para que su sistema racional se active.

Recordemos de nuevo el vídeo del bebé. Parémonos justo en el momento en el que los médicos transmiten la fatídica noticia a los padres del niño. Los médicos no creían que estuviera vivo…., pero racional y emocionalmente sabían que tenían que dejar a sus padres despedirse del bebé.

Los padres se dejaron llevar  por lo que sentían. Desde ese momento fueron sus instintos y sus emociones los que asumieron el control de la situación. Tomaron a su hijo y lo pusieron sobre su piel para que sintiera su tacto y su calor, le hablaron con afecto y finalmente el bebé “volvió a la vida”.

Hoy en día sabemos que la teoría de que nuestro cerebro sólo está explotado en un 10% no es del todo correcta. Para construir la memoria, la experiencia, el aprendizaje y el conocimiento necesitamos de la interactuación de todas las áreas del cerebro y de nuestro organismo.

Si nos lo proponemos podemos hacer de nuestros sentidos y de nuestras emociones unos aliados imprescindibles para sacar mayor partido de nuestra razón. No hay ninguna respuesta  ni decisión que se tome de forma exclusivamente racional.

Dice mi amiga Ana Porras que una cosa es saber lo que nos pasa y otra muy distinta es que seamos conscientes de lo que nos ocurre.

No hace falta que suceda una situación extrema como la que se narra en el vídeo que aparece en este post para que dejemos que nuestros instintos y nuestras emociones nos ayuden a tomar la mejor decisión racional.

 En el trabajo, sobre todo cuando trabajamos en equipo, se producen muchos momentos en los que la situación se desborda, por costumbre tendemos a reproducir la respuesta que nuestra razón dice que es la más correcta. Pero imaginaros por un momento que todos los que formamos ese equipo nos tomemos una pausa y comencemos a prestar atención  a lo que nuestro cuerpo nos está diciendo y que además sintamos lo que nuestras emociones tratan de mostrarnos. Os aseguro que ese momento de sinergia, de consciencia compartida,  nos llevará sin lugar a dudas a que tomemos la mejor decisión entre todos.

 Puede que de entrada no sepamos como hacerlo, pero con un adecuado entrenamiento de nuestras emociones podemos descubrir nuevos caminos en los que seguir creciendo como equipo.

  Libro recomendado: El error de Descartes – Antonio Damasio.

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2 pensamientos en “A FLOR DE PIEL

    • Muchas gracias Hipólito por tu comentario. El propósito es que aprendamos a gestionar de forma positiva nuestras emociones e instintos para lograr conseguir encontrar la mejor manera de aprovechar y disfrutar de nuestra vida. Saludos

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